El último trabajo de la filandesa Pirjo Honsakalo muestra toda la devastación que se desencadena en torno al conflicto de Chechenia. El documental se divide en tres “estancias” y todas ellas tienen como protagonistas a niños.

El primer episodio –“añorar”- es la crónica de la vida diaria en la academia militar de Kronstadt, cerca de San Petesburgo. Aunque a decir verdad, parece un orfanato más que otra cosa. Las breves intervenciones de la voz en off mencionan los nombres, edad y antecedentes familiares los pequeños soldados. La mayoría proceden de familias desestructuradas: padres alcohólicos, maltratadotes, indigentes… o simplemente sin tiempo para cuidar de sus hijos. En la rutina de la academia los niños han encontrado cierta estabilidad, pero no hay que olvidar que están siendo entrenados para combatir en una guerra interminable.

Lo cual nos lleva a Grozny, capital de la república de Chechenia. En la segunda estancia –“respirar”-, rodada en blanco y negro pero menos conmovedora que la primera, una mujer se dedica a recoger a niños de los edificios en ruina. En esta ocasión se trata de tres pequeños que no pueden ser atendidos por su madre, gravemente enferma.

El último episodio, aún más lento que el segundo, se titula “recordar”. El campo de refugiados de Ingushetia nos deja ver cómo se vive el conflicto al otro lado de la frontera. De nuevo, como en la primera parte, los huérfanos son los protagonistas de esta historia.

Carlota