Heterogéneo, pluriforme, ecléctico, libre, inacabado, experimental, autoconsciente… muchos son los adjetivos para el ensayo audiovisual, esa imagen que piensa. En contraposición con la fecunda tradición literaria de la que parte (Montaigne o Bacon, por citar los más conocidos), el ensayo fílmico constituye un género proscrito, exclusivo. Para degustar por selectas minorías, para ojos muy educados visualmente.

El ensayo fílmico propone un discurso personal y asistemático que –a través de elementos como un estilo marcado, un montaje visible que privilegia la palabra o la inserción fílmica del autor– va construyendo su reflexión con y en las imágenes, representando así el camino del pensamiento trazado.

McElwee, Farocki, Arlyck o las imprescindibles figuras de Marker y Godard, entre otros, serán algunos de los autores rescatados por el Festival Punto de Vista . Una estupenda ocasión para echar un vistazo a estos discursos que estiran hasta el extremo la reflexión visual sobre la realidad.

Nahum.