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Bitácora de cine documental / Weblog on documentary cinema

25 Febrero 2007

PdV.CRÍTICA. "Los sueños de Stalker"

Gracias a “Querido Andrei” (Punto de Vista mediante) llega
hasta nosotros este documental que analiza la figura del actor Alexander
Kaidanovsky, el Stalker de Tarkovski, intérprete “maldito” del cine soviético. El
director Evgeny Tsymbal nos acerca al misterio de este personaje por medio de
entrevistas con amigos y compañeros, fragmentos de películas dirigidas o
interpretadas por Kaidanovsky (algunos metafóricos y memorables, como aquel en
el que a un músico se le prende fuego mientras interpreta y el público aplaude
a su verdugo mientras contempla las cenizas) y “found footage” de la época que
utiliza para contextualizar la historia de su vida, con el ruido de fondo de un
corazón que no deja de latir.

Tsymbal nos cuenta la historia de un hombre que se hizo a sí
mismo, pero en Rusia, con todo lo que eso implica. Nacido en 1946, Kaidanovsky
fue hijo de un ingeniero y de una madre con vocación artística que se
divorciaron cuando él tenía once años. A partir de ahí, y con el hambre siempre
mordiendo, tuvo que peregrinar por diferentes hogares y fue conformando su
personalidad fuerte, independiente y excéntrica.

Desde muy joven volcó su talento en las artes escénicas,
pero el mundo del teatro nunca llegó a reconocer sus dotes y tuvo que esperar
hasta 1979 para alcanzar la fama internacional gracias a su interpretación en
“Stalker”, de Andrei Tarkovski, que supuso el relanzamiento de su carrera. Tal
es el peso que Stalker tiene en su vida y que el director le otorga en el
documental, que varias secuencias de la película (junto con otras dos imágenes
que se repiten a lo largo del relato y cuyo significado no será revelado hasta
el final) vertebran el homenaje y se establece una metáfora entre Kaidanovsky y
el protagonista de la película de Tarkovski. La misión de ambos es guiar a
quien lo desee hasta la Zona, lugar en el que se cumplen los deseos, pero en el
que ellos no pueden entrar.

Kaidanovsky tiene más de maldito que Tarkovski pero menos de
Stalker que el director ruso, aunque lo que no
podemos negar es lo que dice un entrevistado: tras los ojos de Kaidanovsky, en
su transparencia y su misterio, permanece Stalker.

En conjunto, Tsymbal firma un documental de ritmo ágil,
artesanalmente correcto y de fondo siempre noble: el rescate de la memoria de
un actor maldito, un artista que se beneficia de la necrofilia rusa tras el
desprecio soviético. El mayor defecto, quizá, que el director no recurra más a
experiencias y datos del propio Kaidanosvky o a alguna estrategia narrativa que
cree mayor empatía entre el personaje y el espectador: es difícil encariñarse de
un maldito si no viene envuelto en un papel de regalo muy mágico.

El último gran logro de Kaidanovsky fue ser miembro del
Jurado de Cannes en 1994. Un año después, entre problemas de alcohol y de
corazón, Kaidanovsky murió sin haber cumplido los cincuenta, y ahora nos queda
su obra y la buena fe de los que, como Tsymbal, pretenden acercarnos a su
memoria.

David

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Bitácora realizada por alumnos y profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Las opiniones aquí expuestas son responsabilidad de sus firmantes.

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