PdV. CRÍTICA. Nomadak Tx
El viaje nómada de Igor Otxoa y Harkaitz Martínez no lo marca los kilómetros, que son miles. Cuando se trata de unir o de confraternizar con otras culturas tan diferentes como la india o la lapona, se me ocurren pocas cosas para intentar establecer lazos de unión. Para empezar, el lenguaje sería un obstáculo determinante. Estos dos vascos consiguen hacerlo, con el sonido de la txapalarta y el sentido del ritmo que llevan en sus venas.
Hay poco que explicar sobre la txapalarta, pues requiere de dos personas sólo para que el sonido sea completo. Estas dos personas basan el sonido del instrumento bimilenario en la improvisación. Igor y Harkaitz se recorren medio mundo para conocer a pueblos nómadas como el saharaui o el mongol, aunque haya algunos que de nómadas sólo les quede el nombre. Una vez establecidos, fabrican la txalaparta... la fabricada con hielo es asombrosa. Intentan confraternizar con los lugareños para hacer una música étnica en la que no importa la procedencia, sólo la actitud y la belleza de unos sonidos muy variados.
Uno de los momentos más interesantes de la película es el montaje final, una especie de viaje global por las culturas que han conocido Igor y Harkaitz con la música de la txalaparta combinada con las voces nómadas. Dentro de lo que no pueda gustar, el carisma de nuestros acompañantes, que parecen centrar su interés exclusivamente en algo ajeno a aquellas gentes. No es así, pero puede parecer que se ríen de los pobres pobladores, que ven llegar a dos hombres de un mundo nuevo y que hacen aldo similar a lo que ellos puedan hacer; música sencilla con un instrumento muy rudimentario.
Nomadak Tx es un homenaje sin duda a las tradiciones vascas. Lo podéis ver de nuevo en el cine Saide Carlos III el miércoles 28 de febrero a las 22.30 o en la biblioteca de Civican.
Carmen
