Un centenar de personas vemos aparecer a Alan en el escenario, bajo una iluminación medio a oscuras que crea un ambiente más íntimo. Lo primero que hace es invitarnos a interrumpirle si necesitamos preguntarle algo, y varias personas lo harán a lo largo de la sesión de casi tres horas. Aunque nos deja margen para la espontaneidad, lo cierto es que Alan tiene bien planificada la masterclass como un recorrido a su filmografía aderezado de fragmentos ilustrativos, desde sus comienzos hasta su última obra, Wide Awake, que se proyectara a posteriori.

Abre su exposición con dos cortos de sus comienzos, Everywhere at Once y City of Edition. En estos experimentos ya quedaba claro su gusto por el montaje. Él mismo admite que le encanta elaborar esos collages particulares a partir de imágenes y sonidos de metraje encontrado. Los considera un intento de crear un nuevo universo a partir de elementos de otros universos distintos, captando esas tomas y liberándolas de su contexto original. Busca hallar el equilibrio perfecto entre juego y control, y así logra una película poco predecible aunque las conexiones entre fragmentos se sigan con facilidad. En City of Edition se cuelan, además, dos elementos que después serán característicos de sus obras: el sonido de la máquina de escribir y la imagen de la familia.

Precisamente en The Family Album confluyen varios de estos elementos. Alan estuvo durante un año visionando un lote de películas domésticas ajenas que había comprado a otro recolector, y con distintos fragmentos de esas familias realiza una construcción de una familia imaginaria. Su conclusión es que estas películas son mentira, una representación falsa de la realidad, ya que si se tomaran como ejemplo de la vida real todos los días serian domingos soleados y maravillosos. Sin embargo, Alan se siente orgulloso de haber sido el único en elaborar una película solo utilizando películas caseras.

Pero, tras manejar tantas películas de desconocidos, el cineasta sentía la necesidad de hacer una película sobre alguien que tuviera cerca. Su abuelo Joseph Casutto muere en 1974 sin concluir una biografía que preparaba en secreto y dejando un montón de cajas repletas de archivos propios que utilizaba en su labor. Aquí hallaría la fuente de inspiración de Intimate Stranger. En ella se ve el uso de la maquina de escribir como herramienta cinematográfica: la pantalla es una hoja en blanco en la que se impresionan imágenes con la misma musicalidad que las teclas de la maquina tecleando tap-tap-tap.

Si bien lograba retratar a su abuelo con los testimonios de sus familiares y amigos, en Nobody’s Business acudía directamente a su padre para hacer un documental sobre su persona. De nuevo Oscar Berliner, padre de Alan, se mete al publico en el bolsillo con sus apariciones de breves segundos, provocando carcajadas con su actitud reticente. Alan confiesa que, tras las proyecciones de su obra, recibió muchos e-mails y llamadas de personas que admiraban a su padre, aunque a éste, cómo no, le daba absolutamente igual.

Tras hacer dos películas sobre su familia, Berliner estaba deseando salir de su casa. Su siguiente proyecto fue un ensayo acerca de los nombres, en el que pretendía incluir cuantos más y más variados posibles. Para ello salio a las calles de Nueva York a entrevistar a gente diversa. Sin embargo, se dio cuenta de que le faltaba aportar su toque personal: no era necesario abarcar todos los nombres posibles, sino que bastaba con uno, el suyo propio que era el más cercano y el que más conocía. Entonces organizó una reunión con 12 tocayos que le sirvió para completar The Sweetest Sound.

A lo largo de la masterclass, Alan Berliner se pasea por el escenario y va dejando caer aquí y allá detalles de su personal forma de ver el cine. Asegura que jamás trabaja con guión, y no le gusta saber cómo empezará y terminará su trabajo, sino que se toma cada película como un viaje en el que se embarca y luego ve dónde le lleva. Es un proceso de descubrimiento que requiere esfuerzo y paciencia. Para ponerse a hacer una película necesita un equilibrio entre fascinación por un tema y cierta necesidad de abordarlo, un impulso interior que le empuje a hacerla. También presume de ser un gran recolector de imágenes, fotos, sonidos… que almacena y reutiliza en sus obras, y menciona en varias ocasiones su extensa colección.

Se inspira cada vez mas en recursos a los que tiene acceso directo y cercano (de sus familiares pasa a el mismo y sus obsesiones), pero tiene esa capacidad de hacer de lo ordinario algo extraordinario, y de hacer que esos asuntos personales interesen a un público universal. Así es como logra su objetivo al hacer las películas: que la pantalla no sea una ventana a otro mundo, sino que acabe siendo un espejo que refleje las circunstancias del propio espectador, para que éste acabe planteándose sus propias preguntas acerca de los temas abordados por el cineasta. Al concluir, Berliner admite que su forma de entender el cine es arriesgada, y que se lanza en picado cada vez que estrena una obra, pero asegura, con la cabeza bien alta, que nunca le han faltado la pasión y la paciencia necesarias para seguir adelante.

Sabiñe